Reseñas

Un kadish para el sueño eterno

Sobre Andrés Rivera. El obrero de la literatura, de Martín Latorraca y Juan Ignacio Orúe

Por Andrea Ruiz

 

 

Rivera, encorvado, regresa a su morada: parece un hombre vencido por la apremiante realidad de una utopía inconclusa. Después de un silencio largo e incómodo llama a su hijo.

-Jorge, decime…estos dos, ¿a qué vienen?

-Te visitaron en Córdoba hace poco. Te hicieron una entrevista.

-Eso ya lo sé. ¿Qué carajo quieren?

 

Así narran Martín Latorraca y Juan Ignacio Orúe uno de sus encuentros con el autor de La Revolución es un sueño eterno El Farmer, entre muchos otros textos, cuentos, novelas, artículos periodísticos, cartas. La escena pinta en pocos trazos varias líneas del trabajo que presentaron en la Feria del Libro, después de cuatro años de investigación y escritura. El compromiso tenaz y consecuente del escritor con los ideales por los que militó y sobre los que escribió siempre, su incomodidad con la vejez, su cansancio y un carácter firme, dogmático, justo, consistente, paternal o generoso, según quién hable y el momento de la vida en que haya conocido a Rivera.

 

La mesa de trabajo de Rivera en su departamento porteño.

 

El libro va narrando la vida del escritor desde su infancia proletaria en Villa Crespo, sus primeras publicaciones, los altibajos de su vida amorosa y familiar, las disputas con otros escritores, las dolorosas razones de su alejamiento con Juan Gelman, el Premio Nacional de Literatura, sus declaraciones certeras y para muchos incómodas sobre la realidad argentina, hasta su muerte en diciembre de 2016. En ese relato la constante es la indisoluble relación entre política, escritura y afectos. A pesar de sus varios seudónimos (Arturo Reedson, Pablo Fontán, Andrés Rivera), Marcos Rybak está en todo lo que hace, lo que dice  y lo que escribe, desde El Precio hasta Kadish. Habla como si escribiera, escribe como hablando. El adjetivo que se impone es consistente. En los afectos, las ideas y en la literatura.

 

Rivera y su hijo mayor, Carlos, enero 1970.

 

Rivera comienza a cansarse. Incómodo, ahora devuelve respuestas cortas, monosilábicas, y las preguntas las hace él. Entonces clava una mirada escrutadora con los ojos chicos, profundos y celestes: señal que se acaba el tiempo. Cuando se cansa del todo, salta del sillón y camina lento, silencioso, con sus crocs oscuras.

-Susanaaa…Susanaaa…Susyyyyy…

-¿Qué pasa, mi amor?

-Los muchachos se van.

Y los muchachos se van.

Los muchachos se van y escriben una biografía indispensable, completa y generosa. Escrita desde el cariño y la admiración, es cierto, pero también con minucioso rigor periodístico. El libro incluye varios anexos que le otorgan un valor especial: una selección de los textos periodísticos que Rivera publicó de 1974 y 1981 en El Cronista Comercial, entre los que destaca una crónica del velorio de Ringo Bonavena; la polémica con el historiador Norberto Galasso, generada por declaraciones de Rivera en torno al peronismo (“Es mucho más fácil ser fascista que socialista”, titula Sudestada en septiembre de 2004, y “Un verdadero escritor no podría ser peronista”, elige Veintitrés por la misma fecha); Una carta de Ricardo Piglia desde Princeton, donde dictaba un seminario sobre el Che Guevara en 1999 que termina así: “Imaginé, al ver el sobre inconfundible en el que siempre vienen, que de aquí a un par de años podríamos unir las cartas que nos hemos escrito a lo largo del tiempo y editar una correspondencia, una novela epistolar en realidad. Aunque quizá debemos dejar este encargo a la dama final que nos cerrará los ojos. Saludos a Susana y muchos cariños de Beba para los dos”. Rivera y Piglia murieron casi al mismo tiempo: Rivera el 23 de diciembre de 2016 y Piglia el 6 de enero de 2017.

 

Andrés Rivera. El obrero de la literatura.

Editorial Sudestada, 2019

ISBN: 978-987-3951-69-5       

 

Rivera en su sillón «cómodo y burgués»