Reseñas

Lars "El maldito" Andersen

El libro “Lars Faen” (“Lars el maldito») cuenta la historia del legendario arponero Lars Andersen (1891-1967), quien ostenta el récord de haber cazado cerca de 7000 ballenas. En los años de entreguerras, «Lars el maldito», como se lo conocía popularmente, fue héroe popular, millonario y el ballenero más famoso de Noruega. 

La reputación de «Lars el maldito» disminuyó bruscamente cuando decidió trabajar para la Alemania nazi, quienes le pagaron una fortuna para que les enseñara el arte de cazar ballenas. Durante la ocupación fue colaboracionista y miembro del partido nacional-socialista, y la multa que recibió luego del juicio por traición a la patria que enfrentó después de la guerra, una de las más altas registradas en Noruega. Andersen se vio forzado a trabajar en el extranjero, y su nombre y proezas balleneras borrados de los libros de historia.

Desde su exilio en Argentina, trabajó como jefe de expedición para Onassis, quien con su compañía ballenera realizaba una práctica que atentaba contra las convenciones internacionales. Cuando la evidencia de los ilícitos de Onassis fue presentada internacionalmente, los medios especulaban si «Lars el maldito» fue el informante.

Andersen pudo volver a trabajar en Noruega y terminó su vida como un hombre próspero y respetable en Sandefjord.

 

El joven Lars «El maldito» Andresen

 

El autor del libro es el argentino Mirko Stopar, quien vive en Noruega desde el 2001 y trabaja como cineasta y asesor literario, y también escribe para Yonder. 

Cuentanos, cómo termina un porteño interesado en la caza de ballenas noruega? 

Siempre me interesó el tema, principalmente desde un punto de vista literario, y seguramente a partir de una lectura temprana de ”Moby Dick”. Hay algo en el estilo de vida de los balleneros que me atrajo siempre, algo que los acerca a los navegantes del Renacimiento y a nuestros antepasados que mataban monstruos, y sin embargo muchos de esos balleneros aún viven como jubilados en Noruega. Con el tiempo fui dándome cuenta también de la dimensión del rol que tuvo Argentina en la industria ballenera antártica, no solo por la cercanía geográfica, sino también por haber establecido la primera compañía que inició formalmente la actividad (“Pesca” en las Georgias del sur). Muchos de los balleneros que conocí tenían sus historias y recuerdos de Buenos Aires. Son gente especial, bastante diferentes de los noruegos típicos. Cuando descubrí el personaje de Lars Andersen, supe inmediatamente que había una historia ahí para contar, que podía amalgamar mi interés por las conexiones entre Noruega y Argentina, y mi debilidad por el tema de los balleneros.

 

 

Cuál ha sido el mayor reto en el trabajo con este libro?

 En primer lugar el hecho de escribir un libro en noruego, que ya es de por sí un reto enorme. Y que éste tratara un tema extremadamente noruego, un tema en el que los noruegos son expertos y lo han abordado cientos de veces, desde un sinfín de perspectivas. Es como si un noruego escribiera un libro en castellano sobre el asado o los gauchos. Pero había algo delicado en torno a la figura de Lars Andersen que me dio la certeza que quizás necesitara alguien de afuera para abordarlo. Ese fue el último reto, cómo reconstruir una historia de la que casi nada sobrevive, la historia de un hombre al que prácticamente han borrado de la Historia. No fue una decisión muy premeditada y quizás por eso me animé a hacerlo. El proceso fue arduo, pero tuve la suerte de contar con una buena red de apoyo, con lectores de confianza que fueron ayudándome a encontrar la voz y forma del texto, y gente que sabe muchísimo del tema, como el Museo Ballenero de Sandefjord.

 Qué te ha enseñado sobre tu nuevo país y la cultura noruega? Es representativo Lars «El Maldito»?

 “Lars el maldito” es una especie de síntoma o metáfora perfecta de la ballenería noruega en el Antártico, ya que estuvo activo entre 1906 y 1960, que son exactamente los años en los que duró la actividad. A través de él podemos ver la evolución de la industria desde los comienzos pioneros, el boom de los años 1920s y 1930s, la hiper-profesionalización y tecnificación del trabajo, la irrupción del capitalismo cínico y la intriga política, y por último la decadencia, así que en ese sentido es muy representativo. El proyecto me enseñó muchas cosas ligadas a cómo Noruega usó la ballenería como un instrumento para construir una identidad y también cierta doble moral en torno a la industria ballenera que irónicamente se repite en parte con la industria del petróleo en la actualidad (una industria que se inició inmediatamente después de la caída de la ballenería). También aprendí que el noruego medio no sabe absolutamente nada del tema.

 

Qué te ha enseñado sobre la Argentina este trabajo?

 La investigación no solamente me dio claves para entender el rol preponderante de Argentina en la ballenería antártica, sino que también me permitió ver cómo el país tenía hasta los años 1950s una visión y una política de Estado ligada al Atlántico sur pensada en concordancia con cuestiones de soberanía y para sostener los reclamos ligados a los conflictos con Gran Bretaña. Fue interesante salirse de ese cliché de la Argentina de Perón como un refugio de nazis y meterse a explorar su política de industrialización, para lo cual necesitaba expertos del calibre de Lars Andersen. Lo insólito es que cuando apareció el libro, la Embajada Argentina en Noruega se negó a cualquier tipo de difusión argumentando que en dos lugares del libro aparece la palabra “Falkland”, que es como en Noruega se llama a las Malvinas, lo que demuestra la confusión, falta de rumbo y lo lejos que se está hoy de aquella Argentina con visión de Estado.

 

Piensas seguir la historia de alguna manera?

El plan original era hacer un film documental sobre Lars Andersen (soy, a fin de cuentas, todavía más director de cine que escritor) y esa idea sigue firme y avanzando. Aun resta conseguir la última parte de la financiación y con mis productores noruegos y argentinos esperamos poder realizar esa película próximamente.