Reseñas

A mi tierra, siempre rota.

 Sobre La hija de la española de Karina Sainz Borgo

Por Roxana Sarion, candidata Ph.D Instituto de lenguas y cultura en la Universidad de Tromsø

La hija de la española (Lumen, 2019) es el debut literario de la periodista cultural venezolana Karina Sainz Borgo (Caracas, 1982). Instalada desde hace doce años en Madrid, Sainz Borgo trabaja activamente para Vozpopuli.com y  Zenda Libros. La novela, que transcurre en la Caracas actual, denuncia los abusos y la brutalidad del régimen venezolano en los últimos 20 años y glosa sobre la barbarie y el derrumbe de un país «adelgastado». 

Aprovechando la reciente proyección mediática que ha alcanzado el contexto socio-político de Venezuela, la novela ha sido aupada por los medios de comunicación españoles y ha conseguido ser vendida a más de 22 países antes de su publicación. Este fenómeno editorial aviva la controversia en torno a la llamada literatura de urgencia que convierte el compromiso en un fenómeno comercial – mainstream – y sacrifica la riqueza intelectual y cultural de una realidad compleja en defensa de una causa o de una ideología. Aunque la autora declara que se trata de “una novela muy política, pero (que) no está politizada», ya que cuenta “una tragedia ciudadana, cívica” que aspira a ser universal, es precisamente por su posicionamiento en uno de los lados del conflicto en un contexto social tan polarizado que resulta limitado el enfoque narrativo y no logra captar las sutilezas y complexidades del conflicto. 

 La novela arranca en un cementerio donde la protagonista, Adelaida Falcón, entierra a su madre, una maestra de clase media con cierta educación. Es un momento clave en el que empieza a desmorronarse todo su esquema de vida. Adelaida llega a casa donde se encuentra completamente sola en una “ciudad en trance de morir”, donde ella lo había perdido todo, “incluso las palabras en el presente”. Al poco tiempo, los “hijos de la revolución” invaden su casa de una manera brutal y arrasan con los únicos recuerdos que le quedan, sintiéndose así desterrada de su propia vida. “Como mi madre, yo también estaba muerta. Ella bajo tierra. Yo en la superficie”. La ciudad en la que vive es demacrada y depredada, amenzada por fusiles con los que se humilla sexualmente a las victimas y torturada por castigos salvajes y reiterados saqueos. Nadie se sentía ya seguro en su hogar “en aquel país, lo único que funcionaba era la máquina de matar y robar, la ingeniería del pillaje”. 

Al lado de su vivienda vive su vecina Aurora Peralta, que es la hija de la española, pues su madre, Julia, era una gallega que cruzó el Atlántico, como muchos otros emigrantes en los años 40 y 50. La trama de la novela parte de una situación peculiar que cambia la vida de Adelaida: encuentra muerta a Aurora y se da cuenta de que puede suplantar su identidad robándole el pasaporte, lo que podría permitirle marcharse del país. 

Articulada sobre la alternancia entre episodios en el pasado (la infancia y adolescencia de Adelaida) y el presente, esta crónica-ficción retrata el frágil bienestar de la clase media alta venezolana en los años 80 en contraste con la violencia aleatoria y sistemática de un tejido social desmantelado y embrutecido en el presente. El retrato del desarraigo y la deshumanización que propone la autora resulta demasiado tópico y se diluye a veces en explicaciones baladies y divagaciones superfluas exentas de profundidad, dando la impresión de una narrativa inmadura e incipiente. Por ejemplo, la sucesión de episodios, como la desaparición del cadaver de Aurora o la falsificación del pasaporte se relata de manera inconexa y es producto de demasiadas casualidades en poco espacio.

A pesar de la atractiva trama y la escritura concisa y directa, el tiempo valorará los logros artísticos de esta novela. Sería interesante comparar la calidad literaria de La hija de la española (2019) con otras obras de menor proyección mediática de la reciente ficción venezolana escrita en diáspora que hablan de la precaria naturaleza de la vida en Venezuela y abordan el tema del chavismo en profundidad, como Etiqueta azúl de Eduardo Sánchez Rugeles (2010), Los maletines de Juan Carlos Méndez Guédez (2014) y Muerte en el Guaire de Raquel Rivas Rojas (2016). Además, ayudaría escuchar también la voz de los que escriben desde dentro, como Igor Barreto o Carmen Verde Arocha, que seguramente en los próximos años publicarán más sobre este tema sin el apuro comercial y el beneficio de la coyuntura. Asimismo, quedaría por ver en qué medida este tipo de literatura de compromiso se plantea como un ejercicio de resistencia y resiliencia, como oportunidad para unir un país fragmentado o se confunde con un activismo político del momento.