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Tiempo para cambio de piel

El ilustrador Dani Scharf y el escritor y periodista Pablo Fernández, vecinos calle por medio en Montevideo, se encontraron en la vereda y – manteniendo los dos metros de distancia aconsejados – hablaron de incertidumbre, descubrimientos, miedos y evoluciones asociados a la pandemia. Y vieron una mariposa salir de su capullo.

 

                                                                    Por Pablo Fernández

 

Vida de perro – Dani Scharf

 

– ¿Qué cambió este contexto para ti?

– Cambió en lo emocional, que obviamente es muy intenso. En lo espacial, porque yo siempre disfruté mucho de los espacios públicos, del observar, es algo que me inspira. Y ahora que no puedo hacerlo tengo una mirada mucho más introspectiva. Estoy más bajo techo, y la inspiración viene más de la imaginación. Y cambió en lo económico, porque como tantas industrias el mundo editorial hoy tiene menos recursos, entonces encarga menos ilustraciones, y muchos proyectos fueron postergados. Es complejo, porque de todas formas estoy muy activo, hay eventos que mutaron, y los vínculos virtuales tomaron un estado muy natural.

 

– ¿Cómo se refleja la pandemia en tu ilustración?

– Todavía estoy intentando visualizarlo. Me genera mucha incertidumbre pero aún no se plasmó en mi arte, al contrario de muchos otros ilustradores, que sí han hecho narraciones dentro del encierro.

 

– El tema es cómo contar este momento sin ser obvio. ¿Cuál podría ser la imagen que resuma estos últimos meses?

– Reflexiono sobre eso, pero todavía no lo bajé a una imagen, no hice una narración. El ejercicio de conceptualización y síntesis –buena parte de mi obra es eso- en mi caso es un proceso largo. Quizá una buena imagen sería la de un invernadero. Es una hermosa metáfora, porque es un contenedor, con vida adentro, pero que a la vez necesita del exterior –luz solar por ejemplo- para que haya crecimiento, desarrollo. No sé cómo sería la imagen, pero me parece que resume bastante, me gusta como concepto. Y creo que cuando esto mejore, o baje la efervescencia, lo que creció dentro de ese invernadero también se va a reflejar en el exterior.

 

– ¿Qué sería lo mejor de estos tiempos?

– Tal vez poder apreciar ciertas libertades que tenemos. Eso es un gran aprendizaje. Aprovechar la tecnología, y este período un poco más pausado, menos vertiginoso, para observar, reflexionar, y crecer. Luego hacer.

 

– Es raro. Estás hablando de tener tiempo, y ganas. Pero hay algo más, toda una tecnología que ya existía, y esta situación nos hizo ver su potencial. De golpe explotó, floreció. Me refiero al nivel más cotidiano por ejemplo.

– Hay un darse cuenta de que se pueden hacer cosas de otra forma. El trabajo virtual existía hace años, pero hoy mucha gente empezó a trabajar desde su casa, tal vez a minutos de su estudio u oficina. A muchas empresas nunca se les había ocurrido que podían dar esa flexibilidad, y muchas personas no se habían animado a dar ese paso.

 

– Obviamente las herramientas ya estaban para que uno pudiera organizarse así, y tener más libertad. Entre comillas, pero libertad al fin. Este contexto hizo caer muchas inercias que iban contra cualquier cambio. “No toques nada, no vengas con cosas raras”, o “el que se va de la agencia no vuelve”. Qué necedad, si yo me voy un par de años y vuelvo mucho mejor, enriquecido como persona. Esa mirada antigua y necia probablemente está cayendo, se rompió.

– Y es buenísimo. Porque es confiar en el criterio de la gente, en sus cualidades personales, además de las profesionales. Implica una responsabilidad para ambas partes, y redunda en un entorno tal vez más favorable para todos.

 

– Hay otro punto, y es que nosotros lo vivimos desde nuestra condición de universitarios, intelectuales. Obviamente hay toda una dimensión de la sociedad que no tiene nada que ver con eso, sus parámetros y sus variables son absolutamente otros, y todo esto que hablamos no corre para ellos. Y no estoy capacitado para evaluarlo, no tengo ni idea cómo lo experimentan. Es otra dimensión. Qué extraño, vivir en la misma sociedad, supuestamente, y en los hechos que no sea la misma sociedad. Que en realidad no tengamos ni idea de cómo lo viven unas personas que están acá enfrente. Es algo que habla de las tensiones. Vivir tan próximos en términos reales, y tan lejanos en términos relativos. Tan ajenos.

– Claro, yo me siento agradecido de poder trabajar o estudiar desde casa, o desde una cafetería, e incluso elegir. Pero hay que tener claro que la tecnologización del trabajo y la educación también amplía la brecha entre los que accedemos y los que no. Y no sólo por la tecnología en sí. Muchos niños tienen la tablet que les dio la escuela, pero quizá su casa es un infierno, no un ambiente adecuado ni amoroso ni fértil para aprender. Y eso tiene, por supuesto, consecuencias enormes a futuro.

 

– ¿Este contexto cambió la forma en que te proyectás?

– Yo era mucho más optimista. Hoy tengo una gran incertidumbre, que es parte de la oscuridad que a veces me abraza. No sé qué va a pasar, no sé si alguien lo sabe, y entonces vivo día a día. Sí sé que esto va a afectar comportamientos, y procedimientos. Esta misma pregunta el año pasado tenía otra respuesta. Para 2020 tenía invitaciones a ferias, presentaciones de libros.

 

– ¿Sabés lo que me pasa con eso? Por momentos dudo, y temo, que una realidad tan marcante haga que nuestros proyectos encaminados pierdan vigencia. ¿El libro infantil que escribí antes de la pandemia y que hoy está listo para publicar es tan amplio y flexible como para absorber este contexto, y que su metáfora logre incluirlo? Realmente me da incertidumbre. Tengo una serie de entrevistas en profundidad, muy producidas y editadas. Pero son todas anteriores, ninguna menciona la pandemia.

– Entiendo perfecto lo que decís. Pero también creo que se está produciendo y hablando mucho de coronavirus, y eso puede saturar. Es sano hablar de otros temas. Está bien preocuparse del virus pero no dejemos de hablar de abuso infantil. O de cosas positivas: tus entrevistas pueden ser nutritivas, inspiradoras, ayudar a ver lo importante, a sacar el ojo de lo coyuntural y proyectarse.

 

– Claro, pero cualquier producto comunicativo –como el arte, y el periodismo- tiene que incluir el contexto. Cualquier obra a partir de ahora a nivel consciente o inconsciente va a incluir este tiempo. Y estoy seguro que muchas editoriales lo están pensando, estrictamente desde el punto de vista comercial. “Necesitamos proyectos que hablen del coronavirus, de niños en cuarentena”. Suena grotesco, pero es parte de lo que sobrevuela. ¿Pensás que parte de tu material pueda estar quedando caduco?

– Creo que no. Porque, por decirlo de una forma muy lineal, si bien ahora y por un buen tiempo no vamos a poder abrazarnos, yo nunca voy a dejar de dibujar abrazos. ¿Entendés? Si uno en el momento que vive no puede abrazar, va a añorar ese sentimiento lindo. Esas cosas son eternas. Es algo lindo del arte, poder moldear la vida diaria, y entrar en otros mundos, y apelar a lo más sensitivo, quizá menos lineal. Jugar con esa cosa mágica de mezclar realidades, o ir más a lo surreal. Toda mi obra es un poco así.

 

– ¡Mirá, una mariposa recién salida del capullo!

– ¿Dónde??

 

– Allí, en el árbol, estirando las alas. ¿La ves?

– Sííí… Se está adaptando a la nueva realidad, no? Esa también es una buena metáfora. Todo esto es un cambio de piel. Se va cambiando la piel, y se va evolucionando y mutando. Creo que este también es un momento de trasmutación en muchos niveles. El tiempo dirá en qué aspectos es evolución y en cuáles involución.

– Bueno, es adaptación a un contexto. Eso es la vida. Cualquier ser vivo es eso: adaptarse al contexto. Y el que no se adapta… ya sabemos.

Dani Scharf nació en Montevideo en 1980, y desde pequeño supo que quería dedicarse a dibujar. La revista Lürzer’s Archive lo incluyó entre los 200 mejores ilustradores del mundo, y fue seleccionado para la muestra oficial de la Bologna Children’s Book Fair 2018 y el premio Golden Pinwheel de la China Shanghai International Children’s Book Fair 2019. Más datos e ilustraciones en http://danischarf.com/